Protocolo express...

La imagen que ilustra esta nota no necesita explicaciones, refleja la sensación de precariedad e improvisación que queda luego de la anunciada decisión del Ministerio de Educación de la Nación, junto al consenso de las 24 jurisdicciones del país reflejado en la Resolución 364-2020 del CFE (Consejo Federal de Educación) que establece el regreso a clases presenciales y aprueba aceleradamente el pomposamente denominado “protocolo” que se declama guiado por “(…) el interés superior del estudiante y por consideraciones generales de salud pública, sobre la base de una evaluación de las ventajas, riesgos y pruebas intersectoriales y específicas del contexto, incluidos factores socioeconómicos, educativos y de salud pública(…)”

Pero tal vez sea necesario hacer una breve recapitulación de lo que hemos venido intentando reflexionar desde este Blog, desde el mes de mayo y en relación a la escuela frente al escenario de pandemia y las iniciativas que surgieron desde las propias escuelas, docentes y directivos, con una capacidad de respuesta inédita, inventando de la nada, con sus propios esfuerzos y recursos, alternativas para procurar mantener los vínculos de aprendizaje con nuestros estudiantes.
Y que, a la situación de la escuela en cuarentena, había que agregar otra “ausencia de presencialidad”, que no es novedosa…la del Estado…que sólo atinó a respuestas a destiempo, insuficientes, inadecuadas o desafortunadas, tales como la impresión de cuadernillos que además de estar descontextualizados de las currículos, no era posible ni estaba habilitado distribuir en el medio de un aislamiento sanitario…o programas televisivos de cuestionada calidad y relevancia, ambas respuestas destinadas a los estudiantes que no podían conectarse, pero que justamente por ello proporcionaban cero posibilidad de retroalimentación y de vinculación de aprendizaje.
Ausencia del Estado a la cual estamos lamentablemente habituados en los ciclos lectivos “normales”, aún en cuestiones esenciales como puede ser la provisión adecuada y suficiente de artículos de limpieza y mantenimiento de los edificios escolares.
Entonces, es que llegamos al 2 de julio, fecha en la cual se reúne el Consejo Federal de Educación y aprueba como se decía al comienzo el llamado Protocolo Marco para el Retorno a Clases Presenciales, aprobado por unanimidad de todas las Provincias y CABA, y en donde una vez más quedan fuera del debate o siquiera de la consulta los protagonistas reales…los docentes, los directivos y las familias…es decir las comunidades educativas en su conjunto.
Veamos algunas “perlitas” de este “Protocolo”:

  • “Evaluar las capacidades de infraestructura sanitaria de los establecimientos educativos (provisión de agua y funcionamiento de sanitarios) en cada jurisdicción, a los efectos de asignar o reasignar los recursos necesarios (…)”  ¿La infraestructura sanitaria en el marco del Covid se reduce a agua y baños? ¿Cuándo se van a evaluar? ¿Quién las va a evaluar?


  • “Gestionar elementos de protección y limpieza” ¿gestionar? ¿quién los va a “gestionar”? ¿Por qué no se utiliza la palabra “garantizar por el estado” ?, que por otra parte está ausente en todo el documento.


  • “Desarrollar módulos de capacitación para el personal directivo, de supervisión, docente y no docente, así como familias y estudiantes” Estas capacitaciones se supone que son previas… ¿Cuándo las van a desarrollar, si algunas provincias ya anunciaron que en agosto vuelven a clases presenciales?


  • “un curso con TREINTA (30) estudiantes puede llegar a dividirse en dos grupos, A y B, los cuales asistirán en días o semanas diferentes (…) Estos grupos no deben mezclarse, e incluso deben mantenerse los grupos separados en los ámbitos comunes, recreos, comedores, etc”
¿Con que personal se puede asegurar que no tengan contacto en las áreas comunes? Sólo el que nunca estuvo en una escuela puede decir esto…
Aun si se pudiera, están transitando y tocando elementos y superficies que luego tocarán otros.
 ¿Qué personal es necesario para poder asegurar además una sanitización constante de las áreas comunes?  
¿Y de las aulas y, bancos, pupitres, ventanas, puertas, etc.? Eso asumiendo que se contarán con los elementos, lo cual no se garantiza explícitamente en el documento.

  • “En caso de presentarse un caso sospechoso, todo el grupo al cual pertenece el mismo deberá abstenerse de asistir a clase hasta que se confirme o descarte…”  PERO OHHH ¡SORPRESA! “El/la docente que haya mantenido el distanciamiento adecuado con el grupo podrá seguir dando clases a otro grupo. (y)El resto de los cursos/grupos/secciones y la totalidad de docentes y no docentes podrán seguir con las tareas establecidas…
¿quién puede asegurar que se pudo mantener distanciamiento adecuado?
¿han descubierto que los docentes son inmunes?
¿Se puede presentar un caso posible de COVID y la escuela sigue funcionando?
¿quién se hace responsable si algún docente o estudiante resulta contagiado?

  • “Asegurar el acceso a lavamanos (agua, jabón y toallas de papel descartables), dispensadores de alcohol en gel antibacteriano o alcohol líquido al 70%...”  ¿el acceso? ¿no sería mas adecuado: ¿el estado garantizará la disponibilidad de agua, dispensadores de jabón y alcohol en gel y toallas de papel descartables en todos los baños y el establecimiento?


  •  “Se recomienda el uso de tapabocas durante todo el tiempo…” ¿se recomienda? ¿en serio? ¿o es obligatorio? ¿el estado los va a proveer?


  • “un estudiante que esté en contacto con otro/a que ha sido categorizado como contacto estrecho por confirmación de COVID-19 en uno de sus padres, no debe guardar ningún aislamiento y puede seguir asistiendo a clases. El mismo procedimiento se aplicará a directivos, personal docente y no docente”. ¡SI…ASI COMO SE LEE!


  • con el COVID-19 o estén en aislamiento obligatorio debido al diagnóstico de éste, ni quienes tengan contacto estrecho con alguna persona con síntomas o diagnosticado” ¿Cómo una escuela puede saber eso? ¿o tener conocimiento si alguien está en aislamiento o tuvo contacto estrecho? ¡ES ABSURDO! Y ADEMAS ¡ES CONTRADICTORIO CON EL PUNTO ANTERIOR!


  • “Desarrollar actividades de identificación de potenciales casos mediante la medición de temperatura corporal” BUENISIMO!  ¿NOS VAN A ENTREGAR TERMOMETROS DIGITALES? CRIC…CRIC… ¡PERO NO!  ¡¿SI CON UNA DECLARACION JURADA ALCANZA?! LO DICE EL PROTOCOLO: ...” Para el caso de la temperatura, las jurisdicciones podrán considerar la forma de cumplir este punto, que puede ser resuelto con la exigencia de una declaración jurada de ausencia de síntomas para poder entrar al establecimiento”

El documento es más extenso (17 páginas), e incluso hay un segundo documento que tiene 63 páginas, pero hay una constante que los atraviesa a ambos, que es su redacción difusa estilo recomendación, en la cual el estado no se hace cargo expresamente o garantiza con todas las letras, la seguridad sanitaria de docentes, personal auxiliar de las escuelas, ni de los estudiantes.

Además de lo cual, teniendo en cuenta que se seguiría con un modelo que combina presencialidad con virtualidad, tampoco garantiza la conectividad en las escuelas, ni a los docentes, que han venido sosteniendo con sus propios recursos sin reconocimiento económico alguno, como así tampoco ni a los estudiantes y sus familias.

Por lo cual resulta ineludible la construcción de un protocolo de regreso a clases, que ofrezca seguridad y sea garante de los derechos de docentes y de los estudiantes y familias, con su participación activa en el diseño y adaptación de los protocolos a las realidades particulares de cada escuela y su contexto, teniendo en cuenta los criterios de autonomía institucional.

Enlace para descarga del Protocolo:
https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/protocolo_marco_y_lineamientos_federales__0.pdf
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¿La escuela que se viene?

Hace un mes se escribió en este blog un artículo "Balbuceos en la nube"... que buscaba resumir algunas cosas esenciales que quedaban después de este período que hemos estado transitando en la escuela está experiencia nos ha dejado algunas pocas certezas y lo más importante, nos ha dejado interesantes interrogantes para ir abriendo el camino a seguir recorriendo...

Ese artículo terminaba diciendo que debíamos tal vez:  “(…) Despojarnos de algunas certezas y apoyarnos en las incertidumbres o interrogantes...algunas que ya teníamos y se han visto reforzadas en esta pandemia...y otras que han salido a la superficie y han quedado en evidencia con la ausencia de las presencias (…) Tal vez debamos asomarnos a esas incertidumbres con ánimo de balbuceo...de quien no tiene todas las respuestas, pero que tal vez ha encontrado preguntas interesantes” .
Han quedado en evidencia como se decía allí muchas falencias e inequidades...con las cuales nos habíamos acostumbrado a convivir y fundamentalmente un modelo de escuela que todos sabíamos no responde las necesidades educativas de este tiempo, ni a las necesidades de aprendizaje de nuestros estudiantes...ríos de tinta se han escrito al respecto, sesudos documentos se han escrito... Desde la nueva escuela y antes o pasando por teorizaciones pedagógicas diversas, de las cuales vamos extrayendo con habilidad frases que prometen nuevos enfoques... frases que convenientemente se colocan en nuevos documentos y planificaciones.
En este período de ausencia de presencialidad, se han multiplicado los conversatorios y encuentros virtuales con pedagogos y educadores a lo largo y ancho del mundo, y algunos en particular en habla hispana con referentes importantes de América Latina y España, muy movilizantes algunos de ellas...habiéndose instalado en estos diálogos y en las notas y documentos que comienzan a circula el hashtag de #laescuelaqueseviene... ¿Realmente? ¿La escuela que se viene?... ¿O será en todo caso la escuela que tendremos que construir?
Tal vez no esté fuera de lugar, el cambiar el sentido afirmativo por el interrogativo, para no caer en el pensamiento mágico, que simplemente por efecto de la cuarentena, volveremos a otra escuela...una escuela que está en el imaginario de los pedagogos...subestimando la inercia de un sistema educativo configurado y estructurado, que muy probablemente apuntará a retoques cosméticos a una escuela que básicamente sigue teniendo el mismo modelo del siglo XIX...
¿Qué cosas quisiéramos ver en esa "escuela que se viene"?
Algunos profetas tecnológicos, nos decían que el aula había muerto, pero hoy comprobamos que es irreemplazable, porque es marco y continente de la relación de aprendizaje, porque habilita la relación humana...el poner los cuerpos en juego y permitir que las emociones generen y refuercen vínculos de aprendizaje
¿Pero podemos avizorar algunas claves de esa escuela y esas aulas que tendremos que reconfigurar? ¿"esa escuela que se viene"?
Particularmente interesantes en este sentido han sido los encuentros virtuales organizados por Fundación Santillana, de los que han participado por ejemplo Inés Dussel, Daniel Brailovsky, Rebecca Anijovich, Claudia Costin, Mariano Fernández Enguita y Miguel Brechner entre otros referentes regionales, tanto en lo pedagógico como en el diseño de políticas públicas, en un ciclo que continúa.

Algunas claves que quedan de este período:
  • Existe consenso en cuanto a que la vuelta estará marcada por un sistema educativo híbrido, que combinará lo presencial con la educación remota.
  • La evaluación formativa, tantas veces declamada en documentos y planificaciones, se ha visto fortalecida por la necesidad impuesta por la pandemia de pensar fuera de la caja de las calificaciones numéricas.
  • El sentido de la escuela se reafirma en los procesos de aprendizaje en función de las retroalimentaciones. La evaluación es indivisible del aprendizaje.
  • Redirigir la mirada y enfoques hacia el desarrollo de competencias y habilidades más que en contenidos, y el aprender haciendo, en un marco metodológico de colaboración e interdisciplinariedad
  • Los cuatro pilares de la educación del Informe Delors de 1996 se revitalizan a partir de lo que ya es una necesidad y requerimiento  ineludible para dar sentido a la escuela: aprender a conocer, aprender a ser, aprender a vivir juntos y aprender a hacer.
  • La necesidad de invertir en educación, y eso tiene que ver también con:  nuevas estructuras de aula, que favorezcan el trabajo colaborativo, conectividad de calidad en las escuelas; capacitación en competencias tecnológicas y actualización pedagógica en servicio a los docentes y equipos directivos
  • Claro que esto anterior es todo un desafío, ya que en la actualidad tenemos un Estado que muchas veces ni siquiera puede garantizar cuestiones básicas como el mantenimiento adecuado de los edificios  y provisión de elementos de limpieza, compensado por el aporte de cooperadoras, lo cual también ha reforzado desigualdades dentro del sistema.
  • Saltaron todas las inequidades, y alguien se tiene que hacer cargo, el Estado no solo debe asegurar la conectividad en las escuelas, sino además la conectividad a docentes y familias, ya no es posible pensar políticas para apagar incendios, sino diseñar políticas públicas integrales, y en ese tarea los docentes y directivos de las escuelas no pueden ser meros espectadores, sino protagonistas reales en el diseño de esas políticas.
  • Y no menos importante ante  la posibilidad del  regreso a las aulas, desde las autoridades educativas, es deber del Estado asegurar el funcionamiento  de las escuelas con la totalidad de las  garantías sanitarias para el personal de las escuelas y estudiantes y familias, debiendo contar con  las condiciones necesarias, tanto  materiales, como de resguardo personal, con los protocolos, capacitaciones del personal, y provisión de elementos de limpieza y sanitización.

De nosotros todos depende...nadie está habilitado a mirar a un costado.

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Escuela...balbuceos en la nube


 Hoy "La Escuela" sigue estando, no con la fantasía de trasladar a la virtualidad..."a la nube" lo que significa la experiencia escolar, sino a través del deseo...de los deseos de docentes y estudiantes, que exploran los modos de mantener los vínculos, que inventan en base a ensayo y error en estas circunstancias excepcionales, por ello tal vez se pueden esbozar algunos apuntes que surgen después de este primer período de ausencia de la presencialidad...
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Ausencia que ha expuesto muchas cosas, pero hay una en particular que no se puede soslayar, y es que la escuela es encuentro, encuentro de cuerpos, encuentro de voluntades, encuentro de deseos, encuentro de promesas...y también desencuentros. Pero desencuentros que pueden animar nuevas experiencias y nuevos encuentros...todo eso es lo que nos está faltando...y no puede ser reemplazado por la virtualidad ni las reuniones zoom...

A las escuelas esta situación las ha encontrado en diferentes circunstancias, pero hay una que es común a todas y que tiene que ver con otra "ausencia de presencialidad"... la del Estado, aún en cuestiones esenciales como puede ser la provisión adecuada y suficiente de artículos de limpieza y mantenimiento de los edificios escolares, pasando por la provisión de equipamiento informático, papelería, tinta para las impresoras y artículos de oficina, conexión a Internet de calidad ya sea para trámites o para el trabajo aúlico, ausencia que es compensado en mayor o menor medida por el aporte de los padres a través de cooperadoras y el ingenio e inventiva de directivos y docentes.

En ese contexto, es que hay que hablar de las escuelas en la virtualidad...con alternativas surgidas merced a la voluntad y esfuerzo con que se las han ido implementando... si la escuela "sigue estando", es porque directivos y docentes se la han puesto al hombro...

Obviamente que también han quedado en evidencia las desigualdades, que tienen un núcleo económico, pero que no se reducen a él...desigualdades sociales, educativas y de capital cultural de los estudiantes y sus familias y también las desiguales habilidades tecnológicas y capacitación de los propios docentes.

Retomando esa visión de la escuela como un lugar de encuentro planteada al principio, y en línea con esa idea como lugar de aprendizajes compartidos... escuché y me parece muy apropiado que la escolarización es una forma de atenuar la fragilidad humana, es el cuidado como derecho y como oportunidad de aprendizaje con los otros...leer y escuchar son gestos escolares...compartir ojos y oídos, otras miradas, otras cosas, otras voces...

Despojarnos de algunas certezas y apoyarnos en las incertidumbres o interrogantes...algunas que ya teníamos y se han visto reforzadas en esta pandemia...y otras que han salido a la superficie y han quedado en evidencia con la ausencia de las presencias...


Tal vez debamos asomarnos a esas incertidumbres con ánimo de balbuceo...de quien no tiene todas las respuestas, pero que tal vez ha encontrado preguntas interesantes...

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La palabra impotencia...


“Noche de verano típicamente sanjuanina. Nos encontramos una profe y yo en una mesa de examen. Calor agobiante, improvisados abanicos de papel lo hacían algo soportable. Juan no parecía concentrarse en su examen. Espiamos a ver si pronto terminaría.  Pero nada, casi no escribía. Queríamos corregir pronto y llegar por fin a casa… Juan se distraía mirando por la ventana.
No consultaba por las consignas, ni se quejaba por las altas temperaturas.
Mi colega se acerca y le pregunta sí necesitaba ayuda, agachó la cabeza y manifestó que no. Continuamos con nuestra charla durante la espera.  Escena repetida…, en febrero son pocos los que aprueban los exámenes. Finaliza la hora y entrega su hoja en blanco, ni siquiera escribió su nombre.
Asombradas, le preguntamos qué había sucedido. Juan nos respondió que no había estudiado, pero no quería estar en la casa y decidió venir a la escuela.
Preguntamos sí nos podía contar qué pasaba…No responde, se retira.
Nos quedamos mudas. El preceptor nos comenta que así se mostró durante toda la semana, porque Juan rendía todas las materias de primer año. 
No es un hecho novedoso… pero me atravesó como si lo fuera” (relato posible o imaginado de una escena de mesa de examen)[i]

La escuela promete pese a las condiciones materiales en que desarrolla su labor y sus condicionamientos en dar respuesta a las demandas de la sociedad y aún sigue siendo el lugar por excelencia que referencia justamente una promesa... que "ofrece un futuro" dentro del imaginario social.
Paradójicamente, es al mismo tiempo una de las instituciones más cuestionadas ya sea desde una visión de resultados, poniendo en cuestión la “calidad educativa” concepto de amplia y dudosa interpretación, como desde la percepción social, percepción ésta anudada a una supuesta y pretérita “época dorada” de la educación.
“Época dorada” de la cual somos herederos de criterios de evaluación contables, que siguen persistiendo en el marco además de prácticas docentes y criterios institucionalizados en los que se mimetizan el concepto de evaluación con el de acreditación, o el primero de éstos queda solapado bajo el segundo.
Esto es algo que particularmente resulta muy visible en la escuela secundaria en los momentos de “cierre de trimestre” y entrega de planilla de calificaciones, en los cuales no solo se advierte la ansiedad de los estudiantes por “la nota”, sino llamativamente la de muchos docentes que piden prorroga en la entrega de planillas porque necesitan “evaluar” con una prueba escrita más, y es allí donde surgen interrogantes inevitables: ¿Qué ocurrió durante ese trimestre en el sentido educativo? ¿Qué criterios y herramientas de evaluación pongo en juego? ¿evaluamos procesos o resultados? ¿Me siento impotente de “evaluar”, si no tengo esa “última prueba”?
El relato disparador es quizás una muestra de esa impotencia, plasmada en una escena de mesa de examen en el mes de febrero “(…) Escena repetida…, en febrero son pocos los que aprueban los exámenes…”), y en la cual queda retratado el funcionamiento del dispositivo evaluación. Dispositivo que requiere que cada uno cumpla el rol que tiene asignado…en este caso, los profes integrantes de la mesa, retratados en cumplimiento abnegado en medio del calor agobiante y un estudiante que “no había estudiado”.
En ese relato se encuentran ausentes todo lo anterior, la trayectoria del estudiante, sus dificultades o logros…su historia. Es como si bajáramos una cortina y dijéramos: hasta aquí el aprendizaje, a partir de aquí la evaluación, restringida ésta última a una simple practica de “control de calidad”, la evaluación como acreditación de una calificación deviene así en un amenazante y pendiente trámite obligatorio para el estudiante.
Tema éste que resulta recurrente en el programa de las Jornadas Institucionales en la escuela: el “rendimiento” de los estudiantes y las prácticas docentes, ya sea con ese título u otro es lo que también se encuentra permanentemente en la agenda de las reuniones de áreas al comienzo del año lectivo para revisar contenidos, metodologías y estrategias…herramientas y criterios de evaluación, aunque muchas veces termine en una mera reiteración acrítica de las planificaciones anteriores
Es que pareciera, que casi inevitablemente giramos en torno de pensar soluciones, en lugar de pensar problemas. Pensar soluciones sea quizás un territorio en el cual nos sentimos más cómodos, ya que tenemos a nuestra disposición una abundante “caja de herramientas”, provista de las más variadas teorías pedagógicas, el cumulo de resoluciones y normativas que “nos encuadran”, el último libro de alguna renombrada pedagoga y la última resolución del Consejo General de Educación (esa que previsoramente nos “regalan” al comienzo de cada año), sobre todo lo cual hurgaremos, ya sea con devoción o desesperanza.
Entonces…y para pensar problemas, quizás debamos abrirnos a la escucha de lo que sucede, recuperar la posibilidad de pensar desde la habitación de la escuela real y no desde la palabra o el concepto escuela, y así, desprovistos de “protección” transitar sensiblemente con las personas y las cosas al encuentro de las preguntas en lugar de las respuestas…
¿qué le paso a la escuela? ¿por qué hablamos de una impotencia del dispositivo evaluación?
La palabra impotencia posee dos polos e incluso desde su formulación negativa, subyace una fuerza posible, una lucha contra esa impotencia, que es parte de una más amplia que comprende a esa escuela que se debate entre “lo que puede” y “lo que no puede” …
 “(…) qué hace que una escuela sea una escuela, impotencias (y luchas contra la impotencia), algunos miedos, varios aburrimientos, muchísimas tensiones y, sobre todo, muchas ganas de juntarse, de hablar, de pensar, de proponer, de experimentar y de vivir. Nada de “casos “que sirven para ilustrar ‘teorías’ o justificar ´’estrategias” y “metodologías”, sino muchísimas situaciones (…)” (Duschatzky; Aguirre. 2013: 7)[1]
            Y esto en directa relación a un conflicto existencial y fundacional de la escuela misma, y es aquel que está vinculado a ese mandato original universal y homogeneizador que respondía a un modelo jerárquico y de autoridad, a una solo forma de ver el mundo, que hoy se contrapone con la habitación de escuelas y  aulas diversas… tan diversas como la propia sociedad…que nos demandan salir del piloto automático, recuperar capacidad de pensarse, encontrarle forma a lo que sucede, y abrir las puertas a gestionarse a sí misma como escuela viva, más acá o más allá de los encuadres normativos.
            Procurar replantear las dimensiones de la evaluación, promoviendo una mayor horizontalidad al momento de los acuerdos y decisiones, en línea con desprenderse de los sentimientos de impotencias y “culpas” docentes… perforando corazas, “autodefensas” y traslado de culpabilización a los estudiantes al enfocar nuestra mirada solamente en identificar sus supuestos “déficits” o desventajas culturales como explicación central de los resultados del aprendizaje. La diversidad vista como carencia.
“(…) Lo universal no sería entonces la socialización de valores homogéneos o de significados únicos sino la universalización del derecho a conocer e interpretar las diferencias, de modo que podamos dialogar con ellas. Lo universal se jugaría en la construcción de una cultura escolar que procesa las diversidades de sentido (…)” (Duschatzky, Silvia. 1996: 11)[2]
            Entonces, la potencia, lo que puede la escuela, está indisolublemente ligado a la creación, a la capacidad de moverse, es inquietud, es afectar y ser afectado, y en este sentido, se hace cada vez más necesario poder pensar y problematizar la escuela y la evaluación por afuera de los dispositivos que restringen su multidimensionalidad, por afuera de sus representaciones significantes, para vibrar en resonancia con los latidos de las vivencias y subjetividades que circulan en sus entramados.[ii]




[1] Duschatzky, Silvia y Aguirre. 2013. Des-armando escuelas. Buenos Aires. Paidós. Disponible en: http://revistaelcanillita.com.ar/wp-content/uploads/2017/04/Desarmando-escuelas.pdf

[2] Duschatzky, Silvia. 1996. De la diversidad en la escuela a la escuela de la diversidad. Propuesta Educativa. Buenos Aires, año 7, n° 15. Disponible en: https://www.canales.org.ar/archivos/lectura_recomendada/duschatzky-1.pdf



[i] Relato disparador parte del cursado de Diplomatura en Gestión Educativa de Flacso
[ii] La publicación es de autoría propia y está tomada del ensayo final de dicha Diplomatura
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COVID-19 ha sacudido al mundo. Ya ha llevado a la pérdida o devastación de innumerables vidas, mientras que muchas personas en profesiones vitales trabajan día y noche para atender a los enfermos y detener la propagación. Las pérdidas personales y sociales, y la lucha para detenerlas, exigen nuestro continuo respeto y apoyo. Al mismo tiempo, es fundamental ver esta pandemia en un contexto histórico para evitar repetir errores pasados ​​cuando planificamos el futuro
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La Conciencia

La conciencia

Cuando bajaban las aguas del Orinoco, las piraguas traían a los caribes con sus hachas de guerra.

Nadie podía con los hijos del jaguar. Arrasaban las aldeas y hacían flautas con los huesos de sus víctimas.

A nadie temían. Solamente les daba pánico un fantasma que había brotado de sus propios corazones.

Él los esperaba, escondido tras los troncos. Él les rompía los puentes y les colocaba al paso las lianas enredadas que los hacían tropezar.

Viajaba de noche; para despistarlos, pisaba al revés. Estaba en el cerro que desprendía la roca, en el fango que se hundía bajo los pies, en la hoja de la planta venenosa y en el roce de la araña. Él los derribaba soplando, les metía fiebre por la oreja y les robaba la sombra.

No era dolor, pero dolía. No era la muerte, pero mataba. Se llamaba Kanaima y había nacido entre los vencedores para vengar a los vencidos.

Memoria del Fuego: Los Nacimientos