¿La escuela que se viene?

Hace un mes se escribió en este blog un artículo "Balbuceos en la nube"... que buscaba resumir algunas cosas esenciales que quedaban después de este período que hemos estado transitando en la escuela está experiencia nos ha dejado algunas pocas certezas y lo más importante, nos ha dejado interesantes interrogantes para ir abriendo el camino a seguir recorriendo...

Ese artículo terminaba diciendo que debíamos tal vez:  “(…) Despojarnos de algunas certezas y apoyarnos en las incertidumbres o interrogantes...algunas que ya teníamos y se han visto reforzadas en esta pandemia...y otras que han salido a la superficie y han quedado en evidencia con la ausencia de las presencias (…) Tal vez debamos asomarnos a esas incertidumbres con ánimo de balbuceo...de quien no tiene todas las respuestas, pero que tal vez ha encontrado preguntas interesantes” .
Han quedado en evidencia como se decía allí muchas falencias e inequidades...con las cuales nos habíamos acostumbrado a convivir y fundamentalmente un modelo de escuela que todos sabíamos no responde las necesidades educativas de este tiempo, ni a las necesidades de aprendizaje de nuestros estudiantes...ríos de tinta se han escrito al respecto, sesudos documentos se han escrito... Desde la nueva escuela y antes o pasando por teorizaciones pedagógicas diversas, de las cuales vamos extrayendo con habilidad frases que prometen nuevos enfoques... frases que convenientemente se colocan en nuevos documentos y planificaciones.
En este período de ausencia de presencialidad, se han multiplicado los conversatorios y encuentros virtuales con pedagogos y educadores a lo largo y ancho del mundo, y algunos en particular en habla hispana con referentes importantes de América Latina y España, muy movilizantes algunos de ellas...habiéndose instalado en estos diálogos y en las notas y documentos que comienzan a circula el hashtag de #laescuelaqueseviene... ¿Realmente? ¿La escuela que se viene?... ¿O será en todo caso la escuela que tendremos que construir?
Tal vez no esté fuera de lugar, el cambiar el sentido afirmativo por el interrogativo, para no caer en el pensamiento mágico, que simplemente por efecto de la cuarentena, volveremos a otra escuela...una escuela que está en el imaginario de los pedagogos...subestimando la inercia de un sistema educativo configurado y estructurado, que muy probablemente apuntará a retoques cosméticos a una escuela que básicamente sigue teniendo el mismo modelo del siglo XIX...
¿Qué cosas quisiéramos ver en esa "escuela que se viene"?
Algunos profetas tecnológicos, nos decían que el aula había muerto, pero hoy comprobamos que es irreemplazable, porque es marco y continente de la relación de aprendizaje, porque habilita la relación humana...el poner los cuerpos en juego y permitir que las emociones generen y refuercen vínculos de aprendizaje
¿Pero podemos avizorar algunas claves de esa escuela y esas aulas que tendremos que reconfigurar? ¿"esa escuela que se viene"?
Particularmente interesantes en este sentido han sido los encuentros virtuales organizados por Fundación Santillana, de los que han participado por ejemplo Inés Dussel, Daniel Brailovsky, Rebecca Anijovich, Claudia Costin, Mariano Fernández Enguita y Miguel Brechner entre otros referentes regionales, tanto en lo pedagógico como en el diseño de políticas públicas, en un ciclo que continúa.

Algunas claves que quedan de este período:
  • Existe consenso en cuanto a que la vuelta estará marcada por un sistema educativo híbrido, que combinará lo presencial con la educación remota.
  • La evaluación formativa, tantas veces declamada en documentos y planificaciones, se ha visto fortalecida por la necesidad impuesta por la pandemia de pensar fuera de la caja de las calificaciones numéricas.
  • El sentido de la escuela se reafirma en los procesos de aprendizaje en función de las retroalimentaciones. La evaluación es indivisible del aprendizaje.
  • Redirigir la mirada y enfoques hacia el desarrollo de competencias y habilidades más que en contenidos, y el aprender haciendo, en un marco metodológico de colaboración e interdisciplinariedad
  • Los cuatro pilares de la educación del Informe Delors de 1996 se revitalizan a partir de lo que ya es una necesidad y requerimiento  ineludible para dar sentido a la escuela: aprender a conocer, aprender a ser, aprender a vivir juntos y aprender a hacer.
  • La necesidad de invertir en educación, y eso tiene que ver también con:  nuevas estructuras de aula, que favorezcan el trabajo colaborativo, conectividad de calidad en las escuelas; capacitación en competencias tecnológicas y actualización pedagógica en servicio a los docentes y equipos directivos
  • Claro que esto anterior es todo un desafío, ya que en la actualidad tenemos un Estado que muchas veces ni siquiera puede garantizar cuestiones básicas como el mantenimiento adecuado de los edificios  y provisión de elementos de limpieza, compensado por el aporte de cooperadoras, lo cual también ha reforzado desigualdades dentro del sistema.
  • Saltaron todas las inequidades, y alguien se tiene que hacer cargo, el Estado no solo debe asegurar la conectividad en las escuelas, sino además la conectividad a docentes y familias, ya no es posible pensar políticas para apagar incendios, sino diseñar políticas públicas integrales, y en ese tarea los docentes y directivos de las escuelas no pueden ser meros espectadores, sino protagonistas reales en el diseño de esas políticas.
  • Y no menos importante ante  la posibilidad del  regreso a las aulas, desde las autoridades educativas, es deber del Estado asegurar el funcionamiento  de las escuelas con la totalidad de las  garantías sanitarias para el personal de las escuelas y estudiantes y familias, debiendo contar con  las condiciones necesarias, tanto  materiales, como de resguardo personal, con los protocolos, capacitaciones del personal, y provisión de elementos de limpieza y sanitización.

De nosotros todos depende...nadie está habilitado a mirar a un costado.

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La Conciencia

La conciencia

Cuando bajaban las aguas del Orinoco, las piraguas traían a los caribes con sus hachas de guerra.

Nadie podía con los hijos del jaguar. Arrasaban las aldeas y hacían flautas con los huesos de sus víctimas.

A nadie temían. Solamente les daba pánico un fantasma que había brotado de sus propios corazones.

Él los esperaba, escondido tras los troncos. Él les rompía los puentes y les colocaba al paso las lianas enredadas que los hacían tropezar.

Viajaba de noche; para despistarlos, pisaba al revés. Estaba en el cerro que desprendía la roca, en el fango que se hundía bajo los pies, en la hoja de la planta venenosa y en el roce de la araña. Él los derribaba soplando, les metía fiebre por la oreja y les robaba la sombra.

No era dolor, pero dolía. No era la muerte, pero mataba. Se llamaba Kanaima y había nacido entre los vencedores para vengar a los vencidos.

Memoria del Fuego: Los Nacimientos