Escuela...balbuceos en la nube


 Hoy "La Escuela" sigue estando, no con la fantasía de trasladar a la virtualidad..."a la nube" lo que significa la experiencia escolar, sino a través del deseo...de los deseos de docentes y estudiantes, que exploran los modos de mantener los vínculos, que inventan en base a ensayo y error en estas circunstancias excepcionales, por ello tal vez se pueden esbozar algunos apuntes que surgen después de este primer período de ausencia de la presencialidad...
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Ausencia que ha expuesto muchas cosas, pero hay una en particular que no se puede soslayar, y es que la escuela es encuentro, encuentro de cuerpos, encuentro de voluntades, encuentro de deseos, encuentro de promesas...y también desencuentros. Pero desencuentros que pueden animar nuevas experiencias y nuevos encuentros...todo eso es lo que nos está faltando...y no puede ser reemplazado por la virtualidad ni las reuniones zoom...

A las escuelas esta situación las ha encontrado en diferentes circunstancias, pero hay una que es común a todas y que tiene que ver con otra "ausencia de presencialidad"... la del Estado, aún en cuestiones esenciales como puede ser la provisión adecuada y suficiente de artículos de limpieza y mantenimiento de los edificios escolares, pasando por la provisión de equipamiento informático, papelería, tinta para las impresoras y artículos de oficina, conexión a Internet de calidad ya sea para trámites o para el trabajo aúlico, ausencia que es compensado en mayor o menor medida por el aporte de los padres a través de cooperadoras y el ingenio e inventiva de directivos y docentes.

En ese contexto, es que hay que hablar de las escuelas en la virtualidad...con alternativas surgidas merced a la voluntad y esfuerzo con que se las han ido implementando... si la escuela "sigue estando", es porque directivos y docentes se la han puesto al hombro...

Obviamente que también han quedado en evidencia las desigualdades, que tienen un núcleo económico, pero que no se reducen a él...desigualdades sociales, educativas y de capital cultural de los estudiantes y sus familias y también las desiguales habilidades tecnológicas y capacitación de los propios docentes.

Retomando esa visión de la escuela como un lugar de encuentro planteada al principio, y en línea con esa idea como lugar de aprendizajes compartidos... escuché y me parece muy apropiado que la escolarización es una forma de atenuar la fragilidad humana, es el cuidado como derecho y como oportunidad de aprendizaje con los otros...leer y escuchar son gestos escolares...compartir ojos y oídos, otras miradas, otras cosas, otras voces...

Despojarnos de algunas certezas y apoyarnos en las incertidumbres o interrogantes...algunas que ya teníamos y se han visto reforzadas en esta pandemia...y otras que han salido a la superficie y han quedado en evidencia con la ausencia de las presencias...


Tal vez debamos asomarnos a esas incertidumbres con ánimo de balbuceo...de quien no tiene todas las respuestas, pero que tal vez ha encontrado preguntas interesantes...

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La palabra impotencia...


“Noche de verano típicamente sanjuanina. Nos encontramos una profe y yo en una mesa de examen. Calor agobiante, improvisados abanicos de papel lo hacían algo soportable. Juan no parecía concentrarse en su examen. Espiamos a ver si pronto terminaría.  Pero nada, casi no escribía. Queríamos corregir pronto y llegar por fin a casa… Juan se distraía mirando por la ventana.
No consultaba por las consignas, ni se quejaba por las altas temperaturas.
Mi colega se acerca y le pregunta sí necesitaba ayuda, agachó la cabeza y manifestó que no. Continuamos con nuestra charla durante la espera.  Escena repetida…, en febrero son pocos los que aprueban los exámenes. Finaliza la hora y entrega su hoja en blanco, ni siquiera escribió su nombre.
Asombradas, le preguntamos qué había sucedido. Juan nos respondió que no había estudiado, pero no quería estar en la casa y decidió venir a la escuela.
Preguntamos sí nos podía contar qué pasaba…No responde, se retira.
Nos quedamos mudas. El preceptor nos comenta que así se mostró durante toda la semana, porque Juan rendía todas las materias de primer año. 
No es un hecho novedoso… pero me atravesó como si lo fuera” (relato posible o imaginado de una escena de mesa de examen)[i]

La escuela promete pese a las condiciones materiales en que desarrolla su labor y sus condicionamientos en dar respuesta a las demandas de la sociedad y aún sigue siendo el lugar por excelencia que referencia justamente una promesa... que "ofrece un futuro" dentro del imaginario social.
Paradójicamente, es al mismo tiempo una de las instituciones más cuestionadas ya sea desde una visión de resultados, poniendo en cuestión la “calidad educativa” concepto de amplia y dudosa interpretación, como desde la percepción social, percepción ésta anudada a una supuesta y pretérita “época dorada” de la educación.
“Época dorada” de la cual somos herederos de criterios de evaluación contables, que siguen persistiendo en el marco además de prácticas docentes y criterios institucionalizados en los que se mimetizan el concepto de evaluación con el de acreditación, o el primero de éstos queda solapado bajo el segundo.
Esto es algo que particularmente resulta muy visible en la escuela secundaria en los momentos de “cierre de trimestre” y entrega de planilla de calificaciones, en los cuales no solo se advierte la ansiedad de los estudiantes por “la nota”, sino llamativamente la de muchos docentes que piden prorroga en la entrega de planillas porque necesitan “evaluar” con una prueba escrita más, y es allí donde surgen interrogantes inevitables: ¿Qué ocurrió durante ese trimestre en el sentido educativo? ¿Qué criterios y herramientas de evaluación pongo en juego? ¿evaluamos procesos o resultados? ¿Me siento impotente de “evaluar”, si no tengo esa “última prueba”?
El relato disparador es quizás una muestra de esa impotencia, plasmada en una escena de mesa de examen en el mes de febrero “(…) Escena repetida…, en febrero son pocos los que aprueban los exámenes…”), y en la cual queda retratado el funcionamiento del dispositivo evaluación. Dispositivo que requiere que cada uno cumpla el rol que tiene asignado…en este caso, los profes integrantes de la mesa, retratados en cumplimiento abnegado en medio del calor agobiante y un estudiante que “no había estudiado”.
En ese relato se encuentran ausentes todo lo anterior, la trayectoria del estudiante, sus dificultades o logros…su historia. Es como si bajáramos una cortina y dijéramos: hasta aquí el aprendizaje, a partir de aquí la evaluación, restringida ésta última a una simple practica de “control de calidad”, la evaluación como acreditación de una calificación deviene así en un amenazante y pendiente trámite obligatorio para el estudiante.
Tema éste que resulta recurrente en el programa de las Jornadas Institucionales en la escuela: el “rendimiento” de los estudiantes y las prácticas docentes, ya sea con ese título u otro es lo que también se encuentra permanentemente en la agenda de las reuniones de áreas al comienzo del año lectivo para revisar contenidos, metodologías y estrategias…herramientas y criterios de evaluación, aunque muchas veces termine en una mera reiteración acrítica de las planificaciones anteriores
Es que pareciera, que casi inevitablemente giramos en torno de pensar soluciones, en lugar de pensar problemas. Pensar soluciones sea quizás un territorio en el cual nos sentimos más cómodos, ya que tenemos a nuestra disposición una abundante “caja de herramientas”, provista de las más variadas teorías pedagógicas, el cumulo de resoluciones y normativas que “nos encuadran”, el último libro de alguna renombrada pedagoga y la última resolución del Consejo General de Educación (esa que previsoramente nos “regalan” al comienzo de cada año), sobre todo lo cual hurgaremos, ya sea con devoción o desesperanza.
Entonces…y para pensar problemas, quizás debamos abrirnos a la escucha de lo que sucede, recuperar la posibilidad de pensar desde la habitación de la escuela real y no desde la palabra o el concepto escuela, y así, desprovistos de “protección” transitar sensiblemente con las personas y las cosas al encuentro de las preguntas en lugar de las respuestas…
¿qué le paso a la escuela? ¿por qué hablamos de una impotencia del dispositivo evaluación?
La palabra impotencia posee dos polos e incluso desde su formulación negativa, subyace una fuerza posible, una lucha contra esa impotencia, que es parte de una más amplia que comprende a esa escuela que se debate entre “lo que puede” y “lo que no puede” …
 “(…) qué hace que una escuela sea una escuela, impotencias (y luchas contra la impotencia), algunos miedos, varios aburrimientos, muchísimas tensiones y, sobre todo, muchas ganas de juntarse, de hablar, de pensar, de proponer, de experimentar y de vivir. Nada de “casos “que sirven para ilustrar ‘teorías’ o justificar ´’estrategias” y “metodologías”, sino muchísimas situaciones (…)” (Duschatzky; Aguirre. 2013: 7)[1]
            Y esto en directa relación a un conflicto existencial y fundacional de la escuela misma, y es aquel que está vinculado a ese mandato original universal y homogeneizador que respondía a un modelo jerárquico y de autoridad, a una solo forma de ver el mundo, que hoy se contrapone con la habitación de escuelas y  aulas diversas… tan diversas como la propia sociedad…que nos demandan salir del piloto automático, recuperar capacidad de pensarse, encontrarle forma a lo que sucede, y abrir las puertas a gestionarse a sí misma como escuela viva, más acá o más allá de los encuadres normativos.
            Procurar replantear las dimensiones de la evaluación, promoviendo una mayor horizontalidad al momento de los acuerdos y decisiones, en línea con desprenderse de los sentimientos de impotencias y “culpas” docentes… perforando corazas, “autodefensas” y traslado de culpabilización a los estudiantes al enfocar nuestra mirada solamente en identificar sus supuestos “déficits” o desventajas culturales como explicación central de los resultados del aprendizaje. La diversidad vista como carencia.
“(…) Lo universal no sería entonces la socialización de valores homogéneos o de significados únicos sino la universalización del derecho a conocer e interpretar las diferencias, de modo que podamos dialogar con ellas. Lo universal se jugaría en la construcción de una cultura escolar que procesa las diversidades de sentido (…)” (Duschatzky, Silvia. 1996: 11)[2]
            Entonces, la potencia, lo que puede la escuela, está indisolublemente ligado a la creación, a la capacidad de moverse, es inquietud, es afectar y ser afectado, y en este sentido, se hace cada vez más necesario poder pensar y problematizar la escuela y la evaluación por afuera de los dispositivos que restringen su multidimensionalidad, por afuera de sus representaciones significantes, para vibrar en resonancia con los latidos de las vivencias y subjetividades que circulan en sus entramados.[ii]




[1] Duschatzky, Silvia y Aguirre. 2013. Des-armando escuelas. Buenos Aires. Paidós. Disponible en: http://revistaelcanillita.com.ar/wp-content/uploads/2017/04/Desarmando-escuelas.pdf

[2] Duschatzky, Silvia. 1996. De la diversidad en la escuela a la escuela de la diversidad. Propuesta Educativa. Buenos Aires, año 7, n° 15. Disponible en: https://www.canales.org.ar/archivos/lectura_recomendada/duschatzky-1.pdf



[i] Relato disparador parte del cursado de Diplomatura en Gestión Educativa de Flacso
[ii] La publicación es de autoría propia y está tomada del ensayo final de dicha Diplomatura
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Cuando bajaban las aguas del Orinoco, las piraguas traían a los caribes con sus hachas de guerra.

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